Una vida con hámsters

Chicas… una verdad como un piano. Cuando superamos los 35 inevitablemente la maternidad se pone encima de la mesa. Te gusten o no los bebés. O te lo plantan las amigas, los padres, la pareja o tú misma. A veces como reivindicación. Otras como aviso. Y algunas otras (las peores para mí) como obligación. El hecho de ser madre a día de hoy sigue siendo casi obligatorio.

Ana Bofill

Trupis Ana BofillEsto es lo que inspiró a Ana Bofill a escribir esta obra de teatro. Esta barcelonesa empezó su historia de amor por la interpretación en la infancia. Pero no fue hasta los 20 años que decidió inscribirse en una escuela para formarse en serio y transformar su hobby en una profesión. Primero en la Escuela de Actor en el Centro de formación y creación escénica El Timbal. Este pasado julio se graduó en Arte Dramático por el Estudio Nancy Tuñón-Jordi Oliver. Dramaturga y actriz, Ana ha actuado en varios cortos independientes así como algunos anuncios publicitarios. Y ahora acaba de estrenar esta obra escrita por ella.

Os tengo que decir que me admira. Este mundo tiene fama de ser de los más caníbales. Hay profesiones en las que parece que sólo unos pocos pueden vivir. El resto sobrevive o malvive. Supongo que aquí, los ciudadanxs de a pie tenemos también nuestra parte de culpa. Podemos ir al teatro a ver obras en circuitos alternativos. No sólo las grandes producciones o el cine.  Suelen tener precios muy asequibles y calidad. No tienen los mismos medios, es cierto. Pero suelen ser los viveros de lo que está por venir. Son espacios que respiran pasión por la profesión por los cuatro lados ¿no crees?

“Escenes d’una vida amb Hàmsters”

Tuve la oportunidad de ver “Escenes d’una vida amb Hàmsters” el día de su estreno. Os la recomiendo. Es fresca. Con ese humor que te recuerda a escenas de tu propia vida. Momentos íntimos. Momentos tontos. Una mirada a “esa” etapa de la vida. Ha sido obra residente en La Farinera del Clot y podremos verla en la Nau Ivanow los días 21 y 22 de enero.

Si miro a mi alrededor todas mis amigas o están embarazadas o son madres desde hace poco (A.Bofill)

 

Me gusta ir al teatro, hacer excursiones a la montaña, estar en la playa, viajar, estar con los amigos donde sea.

La maternidad es preciosa pero también tiene sus sombras. La más importante es abandonarnos y dejar de ser nosotras.

Nuestros hobbies no son tonterías. Nos conectan con partes muy íntimas de nosotras mismas y no debemos anular esa parte por otra. La lógica es aplastante: si le quitas una de las patas a la silla te acabarás cayendo.

No hace muchos días una amiga me decía que echaba de menos el teatro, salir, visitar sitios, tiempo para ella. Acabó la frase diciendo que suponía que al final todo pasaba por reservarse un tiempo para ella. Como prioridad. No le voy a quitar a la razón…

A ver si te suena esta historia. Va de una persona que tiene una vida normal. Ha estudiado. Busca su camino. Tiene amigos. Disfruta en la medida de sus posibilidades (a veces más de lo que debiera, a veces menos de lo que quisiera). Nuestrx protagonista ha encontrado a alguien con el que se siente bien y con quien desea compartir su vida. Han pasado algunos momentos vitales y ¡tachán! Tiene un hijx. ¿Te suena?

Cuando el mundo cambia

Aunque suena a topicazo casposo es cierto: el mundo te cambia. O más bien tú cambias la forma de mirar el mundo (que el mundo tiene el culo pelado de ver bebés). Tus prioridades se transforman. Si te planteas hacer un viaje la logística es diferente. Y por qué negarlo: los gastos secoyote trupis multiplican. Aunque te regalen toda la ropa hasta los 5 años. Es igual: la cuenta bancaria no aguanta igual.

Es una alegría inmensa cada vez que nuestro bebé hace algún avance. ¡No está mal ser papis! (horas de insomnio aparte). ¡Si trajeran al bebé con manual de instrucciones ya sería la bomba! Y va creciendo… y va creciendo…

¡Abran juego!

Espero que no me malinterpretes… adoro a mi hijx pero…“. Decir esta frase cuesta. Porque suena a mala persona. ¿Cómo? ¡¿Que no quieres a tu hijo?! No es eso… es que…

Tener hijos nos abre un mundo de posibilidades. Es apasionante. Nos remueve hasta el tuétano. Si pensamos en términos de pasión e implicación un hijo es el mayor hobby que alguien pueda tener. Pero nadie dijo que fuera a ser sencillo

Consejos de Coyote

Y es que muchas veces nos podemos sentir como Coyote. Nos liamos a leer cosas, a prepararnos. Compramos mil y un inventos marca Acme pensando que será la definitiva y… viene nuestro “Correcaminos” hace un “Mec-Mec” y el invento nos explota en las narices.

¿Qué podemos hacer? Pues como Coyote armarnos de paciencia y no desistir jamás. Porque nuestro Correcaminos bien lo merece. En Trupis te vamos a proponer cada mes y medio el “Club para Coyotes” en el Antic Forn de Vallcarca. Mientras nos tomamos una copa de vino hablaremos de nuestros hijos y compartiremos nuestro mayor hobby con otros Coyotes. Muy pronto en sus pantallas

…algún día el Coyote te va a coger…

Antes de que me envíes a la hoguera deja que explique por qué digo que hay hobbies obligados. Haberlos haylos

Tipos de ocio

Hace pocos días leía el “I Estudio sobre el ocio de los españoles” (Best Relations, Simbyosi y Two Much Research) y hubo un concepto que me saltó en la cabeza rápido: el ocio hacia fuera y el ocio hacia dentro.

Ejemplos de ocio hacia fuera o súper-conexión serían los conciertos, bailes, fiestas… Este ocio es el que acostumbramos a colgar en nuestras redes sociales y el selfie sería su máxima expresión.

El segundo tipo de ocio que menciona este estudio es el ocio hacia dentro o de re-conexión. También se les llama #UnpluggedMoments y son las actividades que nos conectan, nos hacen sentir en casa. Las hacemos con personas muy cercanas.

Hablando como psicóloga diré que ambos son necesarios. Los primeros porque te conectan con el mundo. Te posicionan junto a otros. Los segundos tienen la capacidad de ser terapéuticos. Con ellos se para el mundo. Y sentir esas dos emociones es muy sano.

Según el estudio que os comentaba parece que cada vez estamos más hartos del ocio hacia fuera y buscamos más ocio hacia dentro. Y es que el ocio hacia fuera se puede convertir fácilmente en postureo.

Imagina que has colgado las fotos del fin de semana en tus redes. La gente le ha dado al Like. Te han comentado. Te han dicho cosas bonitas y eso te gusta. Y cuelgas otra foto. Y otra más. Si pasas cierta barrera en la que ya no te muestras como eres y lo que te gusta hacer, sinó que lo que buscas es el Like al poco tiempo te vas a agobiar. Las redes pierden su gracia y tienes ganas de cerrarlas, de salir corriendo. ¿Por qué? Porque has convertido tu ocio en una obligación.

Cuando el ocio es una obligación

El ocio y la libertad están íntimamente relacionados. De hecho, una forma de definir el ocio es precisamente por la capacidad de elegir lo que se hace con nuestro tiempo. Son las actividades escogidas libremente en contraposición al trabajo.

Y resulta que algunas veces nos imponemos actividades obligadas. Oh! Craso error! El ocio obligado está condenado al fracaso o a ocasionarnos más perjuicios que beneficios.

Os pondré un ejemplo. He engordado y no me siento bien conmigo misma: me siento más torpe, más pesada… y me molesta que la ropa no me siente (¡malditos botones!). ¿Solución? Voy a empezar a correr. Parece que es un buen ejercicio para adelgazar, estar en forma (me gusta el concepto de estar sana) y si a tanta gente le engancha será por algo.

Este tipo de ejemplos (los maravillosos propósitos de fin de año) pueden acabar de dos formas. La ideal sería que descubriéramos una nueva afición y combináramos el placer de algo que nos gusta con la salud. Desgraciadamente el más frecuente es que vayamos al gimnasio o al parque durante uno o dos meses (en el mejor de los casos) y abandonemos el running al tercer mes. ¿Por qué? Tenemos claro que es algo beneficioso pero estamos ocupando nuestro tiempo de ocio en una obligación.

Necesitamos disfrutar en nuestro tiempo de ocio

Tanto las fotos que colgamos por postureo como el propósito de año nuevo serían ejemplos de ocio obligado. Y somos más sabios de lo que imaginamos. Necesitamos equilibrar la obligación con el placer. Escucharnos más nos puede dar sorpresas.

Es bueno implementar rutinas sanas pero es importante adecuarlas a nuestras preferencias lo máximo posible para que consigamos mantenerlas. De lo contrario podemos frustrarnos y caer en actividades nada beneficiosas. Incluso podemos tener un efecto rebote e irnos al extremo contrario del que pretendíamos conseguir.

Es fantástico compartir actividades con nuestros amigos en las redes sociales. Pueden ser inspiradoras para ellos y darnos un chute de conexión con el mundo pero ¡cuidado en volverlo obligación!

El ocio forma parte de ese concepto líquido que perseguimos cada día: la felicidad. Sin un espacio para el ocio, para hacer cosas que nos gustan sin obligaciones no somos felices. Así de simple. Porque es necesario. Y hay que darle su espacio de libertad para expresarse.

Prueba cosas nuevas pero jamás fuerces tus preferencias

Y tú ¿qué opinas?