En general las personas somos curiosas y cuando algo nos gusta mucho más todavía. Por eso no es de extrañar que en algún momento del camino enológico te hagas la pregunta ¿cómo serían los vinos antes?

Esto es como la genealogía. Los tiempos más cercanos a nosotros están repletos de información que nos ayuda a situarnos. Fotografías, vídeos, partidas de nacimiento, testimonios, etc. El problema suele aparecer cuando llegas a la cuarta o quinta generación de predecesores. Guerras, falta de documentación… y nos damos con un muro.

Con el vino podemos hacer una aproximación bastante exacta de los últimos años pero ¿y antes? ¿y en la Antigua Roma? ¿Cómo era el vino de entonces?

El mulsum

El mulsum era la bebida escogida en los banquetes y celebraciones de los imperios romano y visigodo. Con él se agasajaba a los invitados. Pero ¿qué es el mulsum? Dicho a lo bruto es vino con miel. Así que estamos hablando de una bebida alcohólica de sabor dulce. Los expertos dicen que tendría un sabor parecido al martini dulce (vermú rojo + ginebra)

¿Cómo se elaboraba?

Hay diferentes teorías al respecto pero parece ser que el mulsum se elaboraba con la primera prensada de la uva, a la que tras fermentar se le añadía miel. En concreto por cada cuatro partes de vino se le añadía una parte de miel. Aunque los datos que han llegado a nuestros días nos dejan intuir su proceso de elaboración, también nos dejan muchas lagunas con respecto a los utensilios y materiales utilizados.

Bonum vinum laetificat cor hominis” (El buen vino, alegra el corazón del hombre)

El vino en la antigüedad ¿por qué mulsum?

El vino en la antigüedad era complicado si lo miramos con nuestros ojos. En Grecia se le acostumbraba a añadir agua. Era la forma de bajar la graduación alcohólica porque era muy difícil llegar a controlar correctamente la fermentación. En Roma tampoco era sencillo. Su sabor a causa del hollín que desprendían las ánforas donde se conservaba (se usaba el hollín de la mirra para sellarlas) tenía un punto ahumado.

Sabiendo que el vino era algo muy preciado, no es de extrañar que la creatividad humana se pusiera manos a la obra. Así se le cambiaba la temperatura y se le añadía agua. Se le añadía miel pero también especias como el hinojo, la pimienta o hierbas aromáticas. Y ese vino con toques ahumados, a veces demasiado brusco por el alcohol se transformaba y hacía que los anfitriones brillaran.

Actualmente y siempre adaptado a los paladares actuales podemos encontrar en el mulsum una inspiración para celebrar y encontrarnos. ¿Una fiesta romana este fin de semana? Seguro que tu imaginación ya ha empezado a volar 🙂

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sonia
De Barcelona. Chapurreo inglés lo suficiente para hacerme entender (¡sigo intentándolo!). Curiosa. Cinéfila. No sé vivir sin música. Tapeo como filosofía. Vino-aprendiz.

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