Hacer y deshacer todo es un quehacer

confeccion de muñecos trupis

Estos días estoy a la caza de los regalos navideños y se me ocurrió regalar dos preciosidades de Bobalina a alguien muy especial para mí. Algo bonito que me permitió conocer un poquito más de Adela.

¿Cómo empezó todo este proyecto?

La costura siempre ha estado presente en mi vida. De pequeña, con mi madre siempre hacíamos cosas. Eso sí “Bien hecho. Si no, lo repites” como decía ella. Luego estuve vinculada al diseño textil durante 20-25 años en mi Alicante natal pero con la globalización todo cambió y tuve que cambiar también. Así que me puse a hacer otras cosas.

Siempre sentí la necesidad de expresar, de crear. Así que empecé a hacer camisetas personalizadas para adultos y niños. Veía a la persona y customizaba la camiseta. Si a alguien le gustaban los perros, le ponía a su mascota con trozos de tela. Si era médico le ponía una bata de médico… ¡A la gente le encantaba! Con el tiempo mi trabajo evolucionó y empecé a querer hacer cosas con volumen. Necesitaba tocar. Así que aprendí a hacer amigurimis. Fue algo totalmente autodidacta porque no sabía más que el punto básico.

Y de los amigurimis y el ganchillo volví a querer tocar tejidos con lo que nacieron las muñecas basadas muchas veces en los diseños de las camisetas. Hacía el patrón en escala y luego les daba vida con los pequeños detalles. Empecé a hacerlas para mí y mis amigos. Ahora puedo decir que los niños son mis mayores clientes. Es maravilloso porque tienen claro lo que quieren. Cuando ven mis muñecas quieren “Esa”. No “Esta” o “Aquella”. No. Quieren “Esa” muñeca. Es alucinante. Y me apasiona mucho ver a un niño que quiere una muñeca. A veces los padres se quedan un poco sorprendidos porque es un juguete de “niñas” pero al ver lo claro que lo tienen es francamente fascinante y precioso. Y la mejor prueba de mi trabajo. Porque las muñecas están hechas una a una y cosidas a conciencia para que aguanten el juego de un niño.

¿Y cómo surge una Chin o una Casilda?

Quien manda es la ropa. Las hago con pequeños retazos de ropa que compro en tiendas. Eso las hace únicas porque cada muñeca tiene su flor, su lazo, su tela especial. Mi casa está llena de pequeños cajoncitos llenos de botones, retales, perlitas, pompones… Me gusta trabajar con tejidos estampados y con tafetán, que a la hora de trabajarlo no sufre tanto la deformación como otro tipo de tejidos.

¿Y te inspiras…?

Me inspiro observando a mi alrededor. Las personas con las que me cruzo. Una niña con un peinado X, un pompón, una sonrisa… pero sobretodo me inspiro con la ropa. Yo creo que al ver una tela empiezo a pensar en la muñeca, en los colores que mejor le sientan, en cómo es su pelo, su cara, sus zapatos… Es como si las telas del vestido me fueran contando cosas y a través de ellas construyo la muñeca.

¿Bobalina por qué?

El nombre de Bobalina lo encontró una amiga que siempre me decía que era una boba, que tenía que espabilar. Y de boba surgió Bobalina como algo cariñoso y tierno.

Me gusta leer, pasear, ir a exposiciones, el cine de autor, pasear por la playa, la naturaleza y los reportajes y artículos de opinión que te hagan pensar. Pero sobre todo busco cosas que me hagan sonreír.

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sonia
De Barcelona. Chapurreo inglés lo suficiente para hacerme entender (¡sigo intentándolo!). Curiosa. Cinéfila. No sé vivir sin música. Tapeo como filosofía. Vino-aprendiz.

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