Piensa en un luthier. ¿Lo tienes? Ahora descríbemelo. Probablemente hayas pensado en un hombre. Y es que todavía hoy en día nos encontramos profesiones en las que un sexo es mayoritario al otro. Y me refiero a diferencias abismales. Es el caso de los luthier, una de las profesiones más bellas del mundo y en la que Caroline Lacombe se encuentra nadando como pez en el agua.

¿En una familia como la tuya es natural que tú acabaras siendo luthier?

No sé si es natural, pero explica muchas cosas. Mi padre es carpintero y hace tallas en la madera también, aparte de saber de mil otros oficios. Mi abuelo Lacombe también andaba construyendo cosas, casas, etc. Y ese lado de la familia es muy manitas, tanto te hacen un dintel de chimenea que unas muñecas de madera o de trapo.

Del lado de mi madre me viene a parte musical. Mi madre y mis tías cantan, tengo primos músicos. Y yo, aparte de trabajar la madera, desde pequeña canto y toco algún que otro instrumento. Mis padres siguen participando en ferias de artesanos, mi padre con las tallas y mi madre con los tejidos hechos con el telar. Claro, de niña, me paseaba por todas las mesas a ver qué hacían todos esos artesanos. ¡Quería hacerlo todo! Más tarde, hice algún intento con mi padre de hacer instrumentos. Un arpa, unas flautas, siempre andaba buscando planos, me fascinaba saber cómo se podía fabricar un instrumento.

Por una parte pienso “Ojalá hubiese conocido este oficio y hubiera existido la formación de Lutherie que se da ahora en Montréal”. Por otra, si no fuera por haber ido a estudiar al Obradoiro de Instrumentos Galegos Tradicionais en Lugo, en el 1995, no estaría donde estoy, con quien quiero estar y haciendo lo que me gusta hacer. Ahora cuando voy a casa de mis padres, él me dice: ¿Quieres que te vaya preparando madera o algo para algún instrumento? Ahora combinamos conocimientos. Es muy bonito.

¿Por qué la mandolina, la zanfona y el bouzouki irlandés?

La zanfona me viene de haber estudiado en Lugo los instrumentos tradicionales gallegos como las gaitas, las zanfonas. Pero no llegamos a hacer un instrumento entero, y no paré hasta que hice una. Ahí me quedé. Me di cuenta que hay gente muy buena que las hacen y que de momento, yo no quería  invertir tantas horas de investigación para llegar a una zanfona que suene de maravilla. De momento, pongo mis esfuerzos en la mandolina, el bouzouki irlandés que son instrumentos versátiles, y realmente necesitan menos horas de trabajo para nacer y sonar. Da lugar a la investigación, a hacer y deshacer, y ver resultados concretos en tiempos mucho más reducidos que una zanfona.

¿Cuánto tiempo tardas entre que piensas un instrumento y lo acabas?

La parte del dibujo y moldes puede variar. Según si parto de un instrumento que ya tengo por la mano o si lo creo desde cero. La parte de ejecución, una vez hechos planos y moldes, varía según el tamaño en mi caso. Una mandolina puede tardar unas 2 semanas. Entre poner la madera al grosor, doblarla, el montaje, la afinación interna, el encolado, el mástil y los trastes, y finalmente los acabados, puentes y cordales. En el caso de la mandola, que es el instrumento intermedio, en cuanto a tamaño y afinación, unas 2 o 3 semanas, mientras que el bouzouki unas tres semanas largas. La zanfona tardé meses…

¿Es difícil ser mujer en un mundo de hombres?

La verdad es que la gente siempre pregunta: Pero ¿lo haces tú, todo, sola? o piensa que es mi pareja quien construye. Algunos artesanos en algunas exposiciones también se me acercaron disimuladamente, a ver si me “aceptaban” o no en el gremio. Muchas veces el cliente es hombre, en mi caso, y normalmente ya sabe que lo hace una mujer. Hablaba de este tema con otras mujeres luthiers y están de acuerdo que es más difícil a veces ganar credibilidad en el mundillo, incluso a la hora de negociar con clientes. Hay que ser firmes, levantar la cabeza bien alta y trabajar de forma honesta, detallista, y todo acaba siendo reconocido.

¿Por qué decidiste ser luthier?

Porque es algo que me llama desde dentro, una forma de canalizar mis inquietudes manuales y musicales. Es bonito ver como la madera se va transformando y va sonando. Es la parte chula. Si no, me dedicaría a hacer muebles, sería más sencillo que intentar afinar y hacer sonar una caja! Me encanta ver cómo la gente disfruta tocando mis instrumentos. En mi caso, fue un proceso personal y de investigación para llegar a tener unos instrumentos de los que estoy orgullosa.
Coet tocan con un bouzouki de Caroline

¿Y ahora en qué andas?

En el mundo de la artesanía, hay como una corriente de “buscar tu nicho” y otra de diversificar para llegar a más gente. En estas reflexiones me encuentro. Es un mundo de picar piedra; poco a poco, las cosas toman forma, pero has de mirar como evolucionan los instrumentos, las necesidades, las modas musicales…y seguir cambiando y adaptándote a todo esto. Concebir un instrumento es un proceso completo, complejo y te enfrentas a retos…y aunque a veces lo pases mal, es un impulso para seguir creando. ¡Y eso es lo que me gusta!

 

Muchos hobbies me vienen de la infancia, como coser, hacer zapatos o hacer bricolajes varios. También se me ha dado ahora por la cosmética natural, pero para mi uso personal, por temas de piel que sufro desde pequeña y me divierte investigar y ver qué me va bien. Me encanta aprender a hacer muchas cosas, ser “auto suficiente”. Por supuesto, intento también aprender a tocar mejor los instrumentos que toco y cantar un poco sola o con amigas.

En muchas ocasiones, con motivo de entrevistas o público que se acerca a charlar después de un concierto, me preguntan en qué me inspiro para componer mis canciones. Nunca he sabido qué responder, pues, si soy sincero, no tengo una forma concreta de inspirarme… Son cientos los motivos que un artista puede tener para escribir un libro, crear un dibujo, una escultura, una pintura, una coreografía especial o una melodía, y no creo que haya demasiados de ellos que tengan una forma concreta para inspirarse. Eso viene por el momento, las sensaciones, los sentimientos que tienes en tu interior en ese preciso momento. Si no los tienes, esperas.

El proceso de creación de “Creando Camiños” fue impresionante: tardé apenas unos minutos en componerla. Dediqué más tiempo (un año) a los arreglos instrumentales que a la letra, que surgió como si llevara toda la vida cantándola… En el momento de componerla pensaba en la voz de Rosa Cedrón, una de las voces más extraordinarias del Folk Gallego, que fue durante muchos años cantante del grupo Luar Na Lubre, y que ahora es colaboradora habitual de Mike Oldfield. Por eso le pedí que grabara la canción para mi disco con su voz, que le da un aire más etéreo a la melodía, a lo que ella aceptó. También colabora en ella Pancho Álvarez, de la banda de Carlos Núñez y uno de los músicos más virtuosos con los que he tenido oportunidad de tocar. Él le da un aire diferente a la canción.

-¿Por qué un año en los arreglos? ¿Qué buscabas?

Yo me considero un “buscador de sonidos”. Me gusta fusionar los sonidos de diferentes culturas porque creo que todas ellas tienen un tronco común. Es muy fácil escuchar una flauta irlandesa al lado de una hansa veena hindú, a pesar de la diferencia de cultura y origen, pues ambos instrumentos provienen de la música tradicional, que es común a todas las culturas. En “Outlander” demuestro que esta fusión funciona.

-En “Creando Camiños” se evocan las emociones del extranjero, del peregrino fuera de su tierra en busca de un lugar ¿Dónde está el “hogar”?

Y no sólo esas. La línea general del álbum habla sobre el hecho de ser extranjero desde varios puntos de vista diferentes. Se fusiona la música de Galicia con la de Irlanda, del País Vasco; se mezclan las gaitas de cualquier tipo con el laúd árabe o la hansa veena hindú… “Outlander”, “Sin tierra” y “A faraway place” también hablan del camino que todo extranjero tiene por delante. En “Abre los ojos” se escuchan los pasos de un caminante por el bosque, en plena naturaleza. En “Inis Mór girl” se escucha el sonido del mar y habla de una chica de Irlanda. “Entzun, zazu” tiene su origen en una historia escocesa. En “A Catedral de Pedra” toco en una misma pieza las gaitas gallega, escocesa e irlandesa… Colaboran artistas de Irlanda, Reino Unido, Asturies, País Vasco, Galicia, Sudán, Israel… y todos nos hemos sentido como en casa.

Todo en el disco te lleva fuera de tu hogar. O, tal vez, es que tu hogar puede estar en cualquier sitio… Cada uno que decida después de escuchar el disco.

Hablar con Fernando es una maravilla. Primero porque sabe mucho, sabe un montón. Pero además, es que es de esas personas con las que empiezas hablando de música y acabas hablando de El Camino.

– Si te digo “El Camino” ¿tú qué piensas?

Pienso en verde y agua. Esfuerzo y lucha. Paz interior. Solo frente a ti mismo

– ¿Qué Camino has hecho y alguna anécdota que se pueda contar?

He hecho en dos ocasiones el Camino Francés y en una la Vía de la Plata. ¿Anécdotas? Son muchas historias y vivencias las que conoces en el Camino, todas ellas para aprender más de ti mismo. Serían demasiadas para escribirlas aquí… Yo recomiendo más vivirlas por ti mismo, en persona.

– ¿Y un paisaje?

Cualquier tipo de paisaje te conmueve si te encuentras en el lugar adecuado y en el momento preciso. Si debo elegir, me quedo con la grandeza de las montañas del Pirineo, cruzando Roncesvalles desde Sant Jean-Pied-de-Port (Francia); con las montañas leonesas o con las oscuras corredoiras de Galicia. En estos parajes es fácil entender el miedo del peregrino medieval a ser asaltado en medio del camino…

Mi escaso tiempo libre lo dedico, sobre todo, a estar con la familia. Me gusta mucho leer, así que siempre le dedico la última hora del día, por muy tarde que me acueste. También me encanta el cine, al que intento ir una vez a la semana. Y, cuando puedo o necesito “airearme”, salgo a correr, algo que he hecho desde siempre y que me ayuda con el esfuerzo físico de los conciertos. Como hobbie de verdad, desde chaval he sido fan de los juegos de rol, así que pinto figuritas de plomo en miniatura. Desgraciadamente, esto hace tiempo que no lo puedo hacer por falta de tiempo… A ver si lo retomo un día…

Esa fue la respuesta que recibí el otro día al preguntar a X lo que pensaba sobre una noticia que estaba teniendo bastante eco en los medios. Me estuvo bien la respuesta por preguntar en un momento inoportuno. No me vengas con gaitas. Es una gaita que… Déjate de gaitas. Son frases que no sé si dejan a la gaita en un buen lugar. Pero ¿por qué la gaita? Me acordé de algunas cosas que me había explicado Fernando Mosquera:

-Fernando ¿De dónde viene la gaita? Porque en mi imaginario siempre tengo en mente a los pueblos de Escocia marchando por bastos prados de un verde mágico. Pero he leído en algún sitio que en Egipto hay algunas pinturas que evocan el instrumento o que el propio Nerón la tocaba.

Efectivamente. La gaita da la sensación de provenir de aquellos pueblos relacionados con la cultura Celta, como Irlanda, Escocia, Galicia, Asturies, Bretaña… Pero nada más lejos de la realidad. Los Celtas nunca llegaron a conocer la gaita. Tenían sus propios instrumentos, pero la gaita, en sí, no formó nunca parte de su cultura. Es más, cuando la gaita llegó a esas tierras las razas Celtas propiamente dichas ya habían desaparecido… casi aniquiladas por el Imperio Romano.

Según estudios de especialistas, la gaita es un instrumento mesopotámico, oriental, del 2.000 a.C. aproximadamente. Uno de los instrumentos más antiguos que existen. Muy ligado al askaulos griego. Formada en su inicio por tubos sin bolsa y evolucionada a lo largo de los siglos para dar una mayor potencia sonora al instrumento.

Con la llegada del Imperio Romano a Mesopotamia, la milicia ve en este instrumento un potencial que antes no tenía y empieza a usarlo para acompañar a las tropas cuando marchan. Se convierte, así, en un instrumento militar. Poco a poco el instrumento va evolucionando. Se le añaden partes nuevas. Primero una calabaza rígida que ayuda al tocador a guardar más aire del que es capaz de insuflar. Posteriormente dicha calabaza es sustituida por una vejiga de cerdo. Se modifica el instrumento para adaptarlo a las circunstancias del momento y, sobre todo, para facilitar el trabajo al músico. También empieza a utilizarse acompañado de la percusión, lo que da al ejército romano en marcha una superioridad psicológica sobre sus enemigos. Escuchan antes el retumbar de los pies y el sonido de las gaitas del ejército romano que a los propios soldados… (hay que ponerse en situación).

-Me imagino la escena…

Es a través de las conquistas del Imperio como la gaita llega a sitios tan dispares como Italia, Alemania, Europa del Este, Grecia, Norte de África, Hispania, Francia, Polonia, Britania, etc. Incluso a los países nórdicos, donde el Imperio Romano no llega, pero sí su influencia y cultura.

Los romanos tenían una forma de conquista muy elaborada. Sometían por las armas o a través de acuerdos a las poblaciones que deseaban conquistar y mantenían allí un destacamento de tropas al mando de un Centurión (o de un Senador, en el caso de que la población lo mereciese). Pese a la desconfianza inicial del pueblo, con el paso de los años, los soldados romanos acababan relacionándose con el pueblo conquistado y teniendo descendencia. Esa descendencia ya era ciudadana de Roma y romanos de pleno derecho. De esta forma, era cuestión de tiempo que el pueblo conquistado se dejara absorber por los romanos, impregnándose de su lengua, cultura, usos y costumbres, música, instrumentos… De ahí el origen latino de muchas lenguas de los países que nos rodean, por ejemplo.

Así, la gaita mesopotámica modificada por los romanos acabó en todos estos lugares, casualmente, zonas conquistadas por el Imperio Romano. Y las que no llegaron a ser conquistadas, como Irlanda o los países nórdicos, recibieron la influencia musical de sus países vecinos gracias al comercio y a las relaciones entre las personas.

Con el paso de los siglos y durante el desarrollo de la Edad Media, cada población desarrolló una gaita diferente y adaptada a sus características músico-culturales. Por esta razón no hay dos gaitas iguales en todo el mundo. No existen dos gaitas que se parezcan en el sonido, ni morfológicamente, ni en su digitación, ni en su timbre…

– Entiendo…

La gaita gallega es totalmente diferente a la asturiana, a pesar de compartir frontera. Ni a la gaita de fole leonesa, la gaita toledana, la africana… La gaita de boto aragonesa o la chirimía balear. Las escocesa e irlandesa son completamente opuestas. Todos los países europeos poseen una o más gaitas diferenciadas entre sí. Italia y Cerdeña poseen gaitas diferentes. Igual que Grecia o Turquía. Gran parte de la culpa del desarrollo de las gaitas en España la tuvo el Camino de Santiago, por donde convergían caminantes procedentes de toda Europa (entre ellos músicos).

Existirán en torno a 200 gaitas diferentes en todo el mundo, siendo España uno de los países (por no decir el que más) que más modelos de gaita diferentes posee. Junto con Italia, fue una de las regiones favoritas del Imperio Romano…

Julio César, en sus obras donde relata la guerra contra los Celtas, habla de los instrumentos que éstos tocan. En ningún momento menciona un instrumento similar a la gaita, precisamente, porque son los romanos quienes llevan este instrumento hasta las Islas Británicas.

Y, efectivamente, Nerón tocaba la gaita, además de la lira. Esto está documentado.

-Oye… ¿y cómo se afina?

La gaita es diferente según su afinación. Una gaita gallega, por ejemplo, puede estar afinada en Do, Re, Si bemol, etc. Pero cada afinación requiere una gaita diferente. Es decir, una gaita sólo puede estar afinada en una tonalidad concreta. Si deseo poder tocar en diferentes tonalidades tendré que tener una gaita en cada una de esas tonalidades.

Hoy día es un instrumento muy desarrollado y tan fiable como un violín o un piano. Incluso existen estudios superiores de gaita. Es un instrumento plenamente introducido en la formación musical, pero muy especial en sí mismo.

Para afinar una gaita tienes que afinar por separado los diferentes tubos sonoros que posea, según sea gallega, asturiana, escocesa, irlandesa, etc. El tubo más importante es el punteiro (o punteru, o chanter, según la gaita…), que es el que emite la melodía. El resto de los tubos tendrán que coincidir en la afinación con la nota que emite el punteiro. Y se van afinando uno a uno de forma independiente. Así, cuando aprietas la bolsa o fol, la gaita emite en conjunto un armónico general y afinado en su totalidad. Y eso te permite tocar junto a cualquier otro instrumento que esté afinado, también, en su misma tonalidad. Como un violín, guitarra, piano, teclados, etc.

-Ya puestos… ¿Qué gaita utilizaste para grabar “Creando Camiños”?

En esta canción utilicé una gaita galega grileira. Se llama así porque está afinada en Re agudo y es un poco “chillona”. Es la gaita que mejor se adaptaba a la tonalidad natural de la voz de Rosa Cedrón. Por tanto, el resto de instrumentos que suenan en la canción, como las flautas irlandesas, zanfona gallega, guitarras, etc. están todos afinados en Re.

Sigo sin entenderlo… con lo monas que son… =)