A ver si te suena esta historia. Va de una persona que tiene una vida normal. Ha estudiado. Busca su camino. Tiene amigos. Disfruta en la medida de sus posibilidades (a veces más de lo que debiera, a veces menos de lo que quisiera). Nuestrx protagonista ha encontrado a alguien con el que se siente bien y con quien desea compartir su vida. Han pasado algunos momentos vitales y ¡tachán! Tiene un hijx. ¿Te suena?

Cuando el mundo cambia

Aunque suena a topicazo casposo es cierto: el mundo te cambia. O más bien tú cambias la forma de mirar el mundo (que el mundo tiene el culo pelado de ver bebés). Tus prioridades se transforman. Si te planteas hacer un viaje la logística es diferente. Y por qué negarlo: los gastos secoyote trupis multiplican. Aunque te regalen toda la ropa hasta los 5 años. Es igual: la cuenta bancaria no aguanta igual.

Es una alegría inmensa cada vez que nuestro bebé hace algún avance. ¡No está mal ser papis! (horas de insomnio aparte). ¡Si trajeran al bebé con manual de instrucciones ya sería la bomba! Y va creciendo… y va creciendo…

¡Abran juego!

Espero que no me malinterpretes… adoro a mi hijx pero…“. Decir esta frase cuesta. Porque suena a mala persona. ¿Cómo? ¡¿Que no quieres a tu hijo?! No es eso… es que…

Tener hijos nos abre un mundo de posibilidades. Es apasionante. Nos remueve hasta el tuétano. Si pensamos en términos de pasión e implicación un hijo es el mayor hobby que alguien pueda tener. Pero nadie dijo que fuera a ser sencillo

Consejos de Coyote

Y es que muchas veces nos podemos sentir como Coyote. Nos liamos a leer cosas, a prepararnos. Compramos mil y un inventos marca Acme pensando que será la definitiva y… viene nuestro “Correcaminos” hace un “Mec-Mec” y el invento nos explota en las narices.

¿Qué podemos hacer? Pues como Coyote armarnos de paciencia y no desistir jamás. Porque nuestro Correcaminos bien lo merece. En Trupis te vamos a proponer cada mes y medio el “Club para Coyotes” en el Antic Forn de Vallcarca. Mientras nos tomamos una copa de vino hablaremos de nuestros hijos y compartiremos nuestro mayor hobby con otros Coyotes. Muy pronto en sus pantallas

…algún día el Coyote te va a coger…

¡Por fin es viernes! Llega el finde…¿Y ahora qué hago?

Una buena parte de nuestro fin de semana tendría que ser para cuidarnos. Bajar nuestro ritmo y disfrutar. Comer bien y dormir mejor son claves para llegar a mayores en buenas condiciones. Pero también tenemos que cuidar otros aspectos además de nuestro sueño y estómago. Y es que nuestra mente necesita retos. También imaginación. Nuestro corazón necesita cariño y nuestro cuerpo deporte. ¿Demasiadas cosas para dos días? ¿Crees que es complicado? ¿Caro?

Un rato para nuestra mente

Y aquí, como en todo te diré: escúchate. El fin de semana es un buen momento para hacer cosas que te gustan. ¿Sudokus? ¿Ajedrez? ¿Conferencia sobre el barroco tardío? ¡Adelante! Ves. ¿Si te resuenan? Hazlo. La mente necesita alimento. Necesita que la retes, que la estimules. Hay que jugar con ella para que siga evolucionado.

Un poco de mimos

El cariño que los otros te pueden dar y, tan importante como eso, el que tú puedes dar a los demás es básico.  A veces es mejor 2 horas de calidad con la familia que 24 de presencia. Tener lazos con otros reconforta ¿verdad? Tengo una amiga con la que era imposible quedar: niños, compras, trabajo, marido, reunión en el cole… Llegamos a un pacto: 30 minutos una vez al mes. El tiempo para tomarnos un chato. Estar las dos solas y hablar de lo nuestro. De verdad que hemos encontrado esos 30 minutos. Colaborar en una ONG ¿por qué no?

Un rato para el deporte

Cuando digo deporte me refiero a mover nuestro cuerpo. No tienes por qué hacer triatlón. O sí. Escucha a tu cuerpo y muévete. Un paseo, yoga, bici… Y es que está demostrado que el deporte también genera endorfinas y nos hace sentir bien. La dieta no es la solución. Lo importante es comer bien y mover el cuerpo. Así de sencillo es el corpore sano.

Un rato para la imaginación

¿Eres de libros o de cine? Pues estás de enhorabuena. El arte estimula esa faceta invisible que funciona de bisagra. Y lo mejor es que no requiere de exclusividad. Fotografiar tu barrio, pintar un parque, ponerle música o palabras a una emoción… A veces las soluciones a problemas en nuestra “vida real” pasan precisamente por imaginar formas nuevas de solucionarlas o afrontarlas en el “País de Nunca Jamás”.

¿Y me va a dar tiempo a todo eso sin morir en el intento?

¡Claro! Puedes ir a la conferencia de barroco tardío con un amigo y luego dar un paseo hasta casa. ¡Has hecho 3 cosas en un momento! Siempre va a haber alguien dispuesto a disfrutar de tu compañía. Especialmente en Tupis 😉

Antes de que me envíes a la hoguera deja que explique por qué digo que hay hobbies obligados. Haberlos haylos

Tipos de ocio

Hace pocos días leía el “I Estudio sobre el ocio de los españoles” (Best Relations, Simbyosi y Two Much Research) y hubo un concepto que me saltó en la cabeza rápido: el ocio hacia fuera y el ocio hacia dentro.

Ejemplos de ocio hacia fuera o súper-conexión serían los conciertos, bailes, fiestas… Este ocio es el que acostumbramos a colgar en nuestras redes sociales y el selfie sería su máxima expresión.

El segundo tipo de ocio que menciona este estudio es el ocio hacia dentro o de re-conexión. También se les llama #UnpluggedMoments y son las actividades que nos conectan, nos hacen sentir en casa. Las hacemos con personas muy cercanas.

Hablando como psicóloga diré que ambos son necesarios. Los primeros porque te conectan con el mundo. Te posicionan junto a otros. Los segundos tienen la capacidad de ser terapéuticos. Con ellos se para el mundo. Y sentir esas dos emociones es muy sano.

Según el estudio que os comentaba parece que cada vez estamos más hartos del ocio hacia fuera y buscamos más ocio hacia dentro. Y es que el ocio hacia fuera se puede convertir fácilmente en postureo.

Imagina que has colgado las fotos del fin de semana en tus redes. La gente le ha dado al Like. Te han comentado. Te han dicho cosas bonitas y eso te gusta. Y cuelgas otra foto. Y otra más. Si pasas cierta barrera en la que ya no te muestras como eres y lo que te gusta hacer, sinó que lo que buscas es el Like al poco tiempo te vas a agobiar. Las redes pierden su gracia y tienes ganas de cerrarlas, de salir corriendo. ¿Por qué? Porque has convertido tu ocio en una obligación.

Cuando el ocio es una obligación

El ocio y la libertad están íntimamente relacionados. De hecho, una forma de definir el ocio es precisamente por la capacidad de elegir lo que se hace con nuestro tiempo. Son las actividades escogidas libremente en contraposición al trabajo.

Y resulta que algunas veces nos imponemos actividades obligadas. Oh! Craso error! El ocio obligado está condenado al fracaso o a ocasionarnos más perjuicios que beneficios.

Os pondré un ejemplo. He engordado y no me siento bien conmigo misma: me siento más torpe, más pesada… y me molesta que la ropa no me siente (¡malditos botones!). ¿Solución? Voy a empezar a correr. Parece que es un buen ejercicio para adelgazar, estar en forma (me gusta el concepto de estar sana) y si a tanta gente le engancha será por algo.

Este tipo de ejemplos (los maravillosos propósitos de fin de año) pueden acabar de dos formas. La ideal sería que descubriéramos una nueva afición y combináramos el placer de algo que nos gusta con la salud. Desgraciadamente el más frecuente es que vayamos al gimnasio o al parque durante uno o dos meses (en el mejor de los casos) y abandonemos el running al tercer mes. ¿Por qué? Tenemos claro que es algo beneficioso pero estamos ocupando nuestro tiempo de ocio en una obligación.

Necesitamos disfrutar en nuestro tiempo de ocio

Tanto las fotos que colgamos por postureo como el propósito de año nuevo serían ejemplos de ocio obligado. Y somos más sabios de lo que imaginamos. Necesitamos equilibrar la obligación con el placer. Escucharnos más nos puede dar sorpresas.

Es bueno implementar rutinas sanas pero es importante adecuarlas a nuestras preferencias lo máximo posible para que consigamos mantenerlas. De lo contrario podemos frustrarnos y caer en actividades nada beneficiosas. Incluso podemos tener un efecto rebote e irnos al extremo contrario del que pretendíamos conseguir.

Es fantástico compartir actividades con nuestros amigos en las redes sociales. Pueden ser inspiradoras para ellos y darnos un chute de conexión con el mundo pero ¡cuidado en volverlo obligación!

El ocio forma parte de ese concepto líquido que perseguimos cada día: la felicidad. Sin un espacio para el ocio, para hacer cosas que nos gustan sin obligaciones no somos felices. Así de simple. Porque es necesario. Y hay que darle su espacio de libertad para expresarse.

Prueba cosas nuevas pero jamás fuerces tus preferencias

Y tú ¿qué opinas?